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Para completar las entradas sobre música francesa que he ido introduciendo en el Blog me ha parecido interesante añadir esta coreografía del bailarín y coreógrafo Maurice Béjart del Bolero de Maurice Ravel que encontré hace poco y que desconocía (a partir del minuto 1:30).

Es fantástica la energía que transmiten estos bailarines en escena, con figuras y movimientos embriagadores; como he leído en algunos de los comentarios que acompañan al vídeo: “poesía en movimiento”. Más abajo añado unos párrafos que nos ayudarán a apreciar mejor el contenido del vídeo (si tenéis tiempo os aconsejo su lectura antes de verlo).

He copiado algunos párrafos muy interesantes, desde la página “Grupo de Estudio sobre Cuerpo”, donde nos hablan tanto de la música como de la coreografía:

En cuanto a la música, podría decirse que es una obra que encuentra su complejidad en la simpleza; hay dos temas melódicos cortos que se repiten constantemente, sobre un ostinato rítmico marcado por la percusión; el desarrollo de la obra cosiste en un aumento paulatino de la fuerza, el volumen y la orquestación, pero manteniéndose siempre el ostinato, el tempo y los temas. Ravel mismo describió esta obra: “Es una danza en un movimiento muy moderado y constantemente uniforme, tanto por la melodía como por la armonía y el ritmo, este último marcado sin cesar por el tambor. El único elemento de diversidad es aportado por el crescendo orquestal.”

La danza, por su parte sigue una línea semejante a la de la música. El bailarín/la bailarina solista, sobre la mesa roja; el coro, alrededor de la mesa en sillas también rojas.

A nivel individual, la parte inferior del cuerpo se relaciona con el tempo constante y el ostinato, mientras que el torso, especialmente los “ports de bras”, se relacionan con la melodía. El crescendo se relaciona con movimientos más amplios, fuertes y globales del cuerpo. Los pies realizan un paso constante, como una marcha, que implica un suave pero contundente movimiento pélvico. Este movimiento rítmico se suma a algunos movimientos de brazos (“autoacariciamiento”) para generar una fuerte connotación sensual. Los movimientos suelen repetirse una y otra vez; (en principio los del torso y más hacia el final los de todo el cuerpo) son amplios, expansivos; se alternan dinámicas ligadas y sostenidas con movimientos cortados, abruptos; amplios ports de bras sostenidos culminan en un corte de muñecas (éstas tienen una gran importancia en la obra); se combinan figuras circulares y angulosas. El juego de contrastes genera una tensión que va en aumento, junto con la música.

A nivel grupal y en líneas generales podemos ver el crescendo en la incorporación paulatina de bailarines que dejan sus sillas para danzar en torno a la mesa. A medida que estos se suman, el solista, va dejando de mantener la constancia en el ritmo con sus pies y adquiere una mayor libertad de movimientos para bailar la melodía. Podemos decir aquí que el coro representa el ritmo y los solistas la melodía.

Por si habéis leído el parrafito y os pica la curiosidad sobre lo que es un “por de bras” aquí os dejo otro link donde se explica muy bien: “Port de Bras”.

Mi alumna Sefi me insistió y animó a compartir este vídeo en el Blog, así que le agradezco la idea y espero que lo disfrutéis tanto como nosotros.

También podéis visitar entradas anteriores en el Blog relacionadas con música de Maurice Ravel y música francesa:

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