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Lo compuso György Sándor Ligeti (1923-2006) a principios de los años sesenta, se podría decir que es una obra de carácter postdadaísta; también con ella intentó provocar a las escuelas que habían tomado la técnica de composición serial como algo casi único, maravillosamente novedoso (serialismo: técnica de composición empleada a partir de las experimentaciones con el dodecafonismo de Arnold Schönberg; se emplean series de sonidos, lo que da “coherencia” a las obras… “pero no suenan como las de toda la vida”).

En esta obra se refleja también la fascinación del compositor por los mecanismos autómatas, en este caso un desfasamiento de 100 metrónomos donde el único papel humano es desencadenar el fenómeno: encenderlos.

Para que no os perdáis en la audición: su forma es la de un lied binario, es decir, un A-B-A’ (uniformidad, caos, uniformidad):

  • A: Uniformidad: masa sonora continua con todos los metrónomos encendidos al mismo tiempo.
  • B: Caos: cambios continuos cuando se comienzan a parar los metrónomos; se escuchan variaciones sonoras debido a que no paran de forma simultanea.
  • A’: Uniformidad: vuelta a la uniformidad cuando sólo queda uno o pocos metrónomos con ritmo contínuo; se escuchan de forma nítida distinguiéndolos claramente.

Aquí podéis escucharla; si lo hacéis con antención diferenciaréis claramente las partes, aunque los cambios entre las mismas son graduales:

Y os dejo unos párrafos del propio Ligeti por si queréis entenderla mejor:

“…al inicio, el número de metrónomos cliqueando es tan grande que escuchados juntos, el sonido parece ser de carácter continuo. Cuando los primeros metrónomos comienzan a descansar, el sonido estático y uniforme se adelgaza y es posible que ritmos mas complejos sobresalgan del bloque sonoro que se rompe. Estas estructuras rítmicas se vuelven más y más claras al tiempo que más metrónomos se van parando: cuando la complejidad comienza a reducirse, la diferenciación rítmica crece. Al final de la obra, con solo unos instrumentos que quedan cliqueando, la diferenciación se reduce aún mas: el patrón rítmico se vuelve más regular. Cuando un solo metrónomo queda cliqueando, el patrón se vuelve completamente periódico” (Ligeti, 1982).

Enseguida Ligeti continúa hablándonos de la forma de la obra:

“El pensamiento formal detrás de la obra está basado en la interacción entre ritmos periódicos determinados individualmente y una estructura global polirrítmica acumulativa. Aunque la estructura global rítmica es en un nivel intermedio indeterminado, se vuelve de nuevo determinado en el nivel mas alto del desarrollo temporal de la forma global. Esta forma global consiste en tres fases: uniformidad, estructuración gradual, y uniformidad, en donde la uniformidad en la fase inicial surge de la borrosidad colectiva de los periodos individuales, y la fase final resulta de la periodicidad del ultimo metrónomo que queda cliqueando. No existen divisiones distintas entre las tres fases: el proceso rítmico nos lleva suavemente y gradualmente de una fase a la siguiente. Esto parece ser un proceso continuo, pero consiste en realidad en momentos individuales y discontinuos cuando cada metrónomo se va parando de pronto. En la fase instrumental final adelgazada con tan solo unos cuantos metrónomos cliqueando, esta discontinuidad se vuelve audible, más, evidentemente, cuando el ultimo metrónomo se para”.

Para finalizar, Ligeti recalca: “El poema sinfónico para 100 metrónomos demanda una escucha paciente ya que es necesario que el auditor se acostumbre progresivamente al procedimiento de transformación gradual de los patrones rítmicos”.

Una audición atenta, como afirma Ligeti, nos hará entender la obra e, incluso, disfrutarla; casi hipnótico, todo un experimento ¿verdad?.

No dudéis en dejar un comentario contándonos qué os ha parecido.

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